Capítulo I



ORIGEN DE LAS EMOCIONES

En el ser humano las emociones son el motor de la conducta. No existe ninguna conducta o actitud que no esté provocada o motivada por una emoción. Sé bien que esta afirmación no será aceptada por muchos colegas, pero espero que al terminar la lectura de este libro al menos les haya creado la duda.

Las emociones tienen un papel de máxima importancia en la vida del ser humano, ya que sin ellas no podríamos sentir el placer que nos dan las motivaciones cuando pasamos a la acción, además de influir en el modo y la forma que dicha acción se va a expresar.

El ser humano viene al mundo con una herencia genética, física y psicológica. Nosotros vamos a tratar la parte psicológica correspondiente a las emociones, que está provista de la capacidad de experimentar sensaciones agradables o desagradables. Y a partir de ahora, la llamaremos “capacidad de sentir satisfacciones o insatisfacciones”.

Podemos aprender a manifestar de forma inadecuada o adecuada nuestras emociones (de hecho esto es lo que trata la “Educación Emocional”), pero la capacidad de responder emocionalmente no se aprende, es una capacidad innata, ya que está presente en el recién nacido. Lo demuestra la excitación emocional que manifiesta el bebé ante estímulos fuertes y extraños que capta a los pocos minutos de nacer. Es evidente que no existen pautas que demuestren estados emocionales definidos, pero las emociones se manifiestan sin control debido al medio ambiente nuevo y extraño donde el niño acaba de ingresar. La fuerte luz del quirófano, los ruidos nuevos, la atmósfera, y tantos otros elementos y circunstancias desconocidas, son lo que van a provocar sus reacciones. No olvidemos que el bebé acaba de abandonar el claustro materno donde se sentía protegido y seguro, al “son” del ritmo cardiaco de la madre, y donde el líquido amniótico le proporcionaba una sensación de ingravidez sin sentir el peso de su cuerpo, que seguro ahora lo siente como algo extraño.

Las primeras manifestaciones emocionales, que siguen unas ciertas pautas, se comienzan a dar con respuestas que indican placer o displacer. Las respuestas desagradables son provocadas por cambios bruscos de temperatura, por privación de movimiento, ruidos fuertes, humedad en los pañales, etc. Las respuestas agradables corresponden a estímulos placenteros, se dan cuando recibe afecto a través de caricias, calor, comodidad, comida, etc. En esta primera etapa el niño manifestará su satisfacción de forma general con todo su cuerpo, se le verá relajado y tranquilo, más adelante será cuando su satisfacción se manifestará a través de miradas, sonrisas y balbuceos.

Así que, aunque el medio ambiente donde el niño se va a desarrollar, es el que va a determinar cómo se establecerán las emociones, vemos que al nacer ya se expresa el potencial de las mismas, lo que demuestra que las emociones nacen con nosotros, son producto de la herencia y de nuestra propia biología. Son la manifestación psicológica de nuestros instintos.

Todas las emociones que experimente el niño, con mayor frecuencia en el transcurso de su infancia, se convertirán en hábitos, que posteriormente en la etapa adulta configurarán, una gran parte de su personalidad y carácter.

El medio ambiente en el cual se desarrolle el niño va a ser el causante de proporcionar la medida y la cantidad de satisfacción y de insatisfacción que el niño va a experimentar, y el grado en que se experimente dicha dualidad será el que lo hará feliz o infeliz.

Conforme las emociones más experimentadas se transformen en hábitos, se irán convirtiendo en el motor principal de la adaptación adecuada o no, y seguirán en su camino de desarrollo hacia la etapa adulta, determinando además la manera en que el individuo ve la vida. Así también se establecerá como han de ser sus relaciones interpersonales, tanto afectivas como racionales. De ahí la enorme importancia de la “Educación Emocional”.

Las formas de expresar las emociones, determinada por la “Educación Emocional”, que se va a establecer desde el principio de nuestra vida, tiende a seguir actuando en el transcurso de nuestro desarrollo, a no ser que intervengan cambios radicales del medio ambiente o de salud. Es decir, un niño que se ha desarrollado en un medio ambiente estable y tranquilo, donde se han satisfecho sus necesidades afectivas, tenderá a sufrir menos tensión y ansiedad que uno que haya vivido en un ambiente formado de ruidos y excitaciones desagradables, donde ha tenido que llorar con asiduidad para que lo atendieran.

Limpieza. Pocos minutos después de nacer.

Precisamente este procedimiento de lavar al niño no creemos que sea la mejor manera de evitar las primeras “vivencias insatisfactorias”. Pensamos que existen formas menos ”impactantes” para el bebé y más recomendables.



¿QUÉ ES LA "EDUCACION EMOCIONAL"?

Todos los padres deseamos que nuestros hijos sean felices, de eso no cabe la menor duda. Recordemos la frase "un niño sano, es un niño feliz". Todos intentamos proporcionarles la felicidad, pero lo hacemos mayoritariamente a través de cosas materiales. Satisfacemos sus deseos con juguetes, con posesiones que creemos los hacen felices, sacrificándonos muchas veces a nivel económico.

Esto es una pequeña parte que bien puede dar forma a la felicidad, pero muchos padres no se dan cuenta que si las insatisfacciones emocionales son superiores a las satisfacciones, la felicidad no puede existir. Si las frustraciones son excesivas, y la ansiedad, celos y envidias son predominantes a los estados de satisfacción, el niño no es feliz.

Muchas veces tampoco tenemos en cuenta, que es necesario demostrarles a nuestros hijos lo mucho que los queremos y los respetamos. Ellos no lo sabrán a menos que nosotros se lo digamos con palabras y se lo demostremos con hechos. El amor y el respeto se deben demostrar. La capacidad de razonamiento del niño (antes de los 7 años), es aún demasiado limitada como para entrever que detrás de un acto que puede resultarle incomprensible, está la intención del adulto de expresar su amor; así como tampoco podría entender que detrás de una crítica o juicio se esconde un genuino amor paternal o maternal.

Uno de los peligros más graves que se pueden dar durante el proceso de la "Educación Emocional" es la privación de afecto. Esto significa que el niño es privado de experimentar cantidades razonables de emociones que le dan placer, como por ejemplo alegría, curiosidad, felicidad, amor, etc., situaciones que en definitiva son vivenciadas como afectivas. Cuando el niño vive en ambientes donde se tiende al desarrollo de estímulos desagradables como la rabia, el odio, la envidia, los celos, etc., queda privado de poder experimentar ninguna emoción placentera, es decir, se le priva de la satisfacción, y es la insatisfacción la que prevalece en su vida. Este niño sufre lo que podríamos llamar "hambre emocional".

Ya se han realizado estudios sobre los efectos del "hambre emocional", llegando a la conclusión de la enorme influencia que tiene sobre el desarrollo físico y psíquico, así como también en la capacidad de adaptación social del niño. Aquí se puede entrever la importancia de la "Educación Emocional". Las consecuencias graves de la privación afectiva dependerán de la frecuencia, intensidad y tiempo que dure dicha privación. Por ejemplo, un niño frustrado continuamente de expresar y satisfacer su curiosidad, se volverá apático, aburrido y desinteresado, y tendrá muchas posibilidades de ser un mal estudiante. De forma análoga, si no somos capaces de elogiarlo cuando se lo merece, se favorecerá el desarrollo de sentimientos de infelicidad y resentimiento hacia las críticas recibidas y, como consecuencia, un desinterés total en conseguir ningún tipo de éxito, tanto escolar como social.

El sentirse amado y aceptado por los demás es una experiencia que satisface al "Yo" y contribuye notablemente en la formación de la autoestima. De que esta experiencia sea o no gratificante, dependerá la modalidad y grado de atracción que sintamos hacia las relaciones sociales e íntimas. De experiencias vividas como gratificantes, se generarán relaciones adecuadas con los demás; y de experiencias vividas como no gratificantes, surgirán relaciones inadecuadas y frustrantes.

Debemos tener en cuenta, que las primeras reacciones de afecto o amor se producen hacia la madre o el sustituto de ésta, y de la respuesta que recibamos, sacamos nuestras primeras "impresiones" que vayan a ser muy importantes en la formación de múltiples respuestas, que vamos a "generalizar" en nuestra infancia y posteriormente cuando seamos adultos.

Si la madre o sustituto, durante los primeros años, tiene una conducta amorosa y afectiva, el niño se sentirá estimado y protegido, y recibirá el calor y afecto que anhela y, como consecuencia, aprenderá formas de conducta emocional para obtener la aprobación de los padres. En cambio, la privación de afecto produce una deficiencia de lo que podríamos llamar "nutrición emocional", que también repercute en el estímulo intelectual. Tal situación puede llevar al niño al autismo o a la frialdad afectiva, en los que se muestra desinteresado por las personas de su entorno.

(En EEUU se han realizado pruebas al respecto. Se sabe que en los primeros meses de vida la forma más directa de recibir afecto es a través del tacto. El "experimento" que se realizó fue el siguiente: Dos grupos de bebés en incubadoras, grupo A y grupo B. Al grupo A se le daba masaje cada día, al grupo B no. El resultado fue que al final del primer mes los del grupo A se habían desarrollado físicamente mucho mejor que los del grupo B. Estaban mucho más tranquilos, lloraban menos y aceptaban de buen grado los cuidados, en definitiva parecían más felices.).

Reiteremos entonces que la intensidad y frecuencia con que él experimente la falta de afecto, así como la cantidad y calidad del mismo, serán determinantes que inciden sobre su "Educación Emocional" y, más adelante, en la conformación de su carácter y personalidad. Otro concepto a tener en cuenta, es la importancia del momento evolutivo en que se produce la privación de afecto. No es lo mismo que el "hambre afectiva" se inicie a partir de los 5 o 6 años, que cuando se da desde el momento mismo de nacer. Si desde el nacimiento el niño se ve privado de afecto, se produce un estado depresivo acompañado de un retardo del crecimiento físico, pudiendo desarrollar más adelante una patología mental grave.

Si dicha privación se produce entre el primer año de vida y los cinco años, podrá desarrollarse una personalidad psicopática, sufriendo como consecuencia una mala adaptación social y una carencia emocional casi total. Si la privación de afecto se origina después de los 5 o 6 años, tiene efectos menores, ya que en este período el niño puede buscar (y de hecho normalmente lo hace), patrones emocionales sustitutivos. Esta posibilidad viene dada por la mayor "movilidad" de relación que tiene el niño, a esta edad va al colegio y "vive" situaciones diferentes con los profesores/as y con amigos y compañeros de clase y juegos, en definitiva, puede comparar estados y respuestas emocionales diversas.

Vemos, por tanto, que el período más crítico en la privación de afecto es el que transcurre desde el momento de nacer hasta los 5 o 6 años, período que va a ser muy importante en el establecimiento de la "Educación Emocional".

Otra circunstancia que debemos contemplar con importancia es, cuántas personas van a cuidar al recién nacido.

En los tiempos actuales, debido ha como está establecida la sociedad con las posibilidades que ofrece a la mujer para trabajar, es frecuente que el bebé sea atendido por una o más personas.

Cuando una madre trabaja fuera del hogar, deja al niño al cuidado de otra persona, y si esta persona no resulta un sustituto satisfactorio (no atiende al niño de la misma manera y en el momento oportuno, o con el mismo cariño), la situación no será satisfactoria para él. En cambio, si hay una relación genuina de afecto y cuidado con el sustituto de la madre, el niño será capaz de adaptarse con facilidad a la nueva situación afectiva, sin que note diferencia alguna.

Debemos tener en cuenta que el cuidado del recién nacido por medio de varias personas, no es muy aconsejable, y que si existe un sustituto de la madre en este cuidado, tenemos que saber escoger a la persona adecuada. Es muy importante que dicho sustituto quiera al bebé, lo tenga en cuenta, lo respete y sepa trasmitirle el calor afectivo que necesita.

No olvidemos que la privación de afecto conlleva una inadaptación o conducta antisocial, que puede estar representada por personalidades psicopáticas, psiconeurosis, o incluso en ciertas formas de psicosis como la esquizofrenia, sobre todo si esta privación de afecto está apoyada por otras condiciones desfavorables, como por ejemplo, ambientes hostiles donde las relaciones entre los padres son violentas y no existe un ambiente de convivencia estable, o un sustituto de la madre que no lo atiende de forma adecuada.

Cuando sólo se produce una inadaptación, muchas veces se dan los casos típicos de matrimonios de adolescentes. Estos enlaces matrimoniales no son nada más que el sustituto para satisfacer el deseo de ser querido y recibir el afecto que anhelan, el cual nunca fue satisfecho por los padres.

El sentimiento de no ser aceptado, deseado o querido durante los primeros años de la infancia, también puede provocar (y de hecho lo hace), un sentimiento de inseguridad y de abandono, que muchas veces se manifiesta a través de actos antisociales, es el principio de mucha delincuencia juvenil y criminalidad en adultos. Estos ejemplos ilustran la enorme importancia que tiene el hecho de sentirnos queridos y aceptados en nuestra infancia, así como el papel que la "Educación Emocional" va a desempeñar en nuestro desarrollo hacia un carácter y personalidad estables.

A partir de ahora vamos a desarrollar el proceso de la "Educación emocional" por edades. Se explicará de forma orientativa cómo deben educarse las emociones en el transcurso de la edad del niño, así como las emociones más importantes en dichas edades. Hemos dicho, de "forma orientativa", porque es evidente que cada ser humano es único e irrepetible, por tanto, su particularidad no nos deja establecer "normas ni reglas dogmáticas" para llevar a cabo una buena "Educación Emocional".

Disseny Diez4

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